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POR UNA POLITICA INCLUSIVA HACIA LA EQUIDAD DE GÉNERO EN EL DÍA INTERNACIONAL DE LA MUJER La conmemoración internacional del 8 de marzo como el Día Internacional de la Mujer, para rememorar la lucha de mujeres trabajadoras en defensa de sus derechos sociales, se ha ido transformando durante el siglo XX en una celebración referida al esfuerzo para superar de la discriminación histórica de todas las mujeres. El rechazo de esta discriminación se convirtió en un valor universal al establecerse en 1980 la Convención para la Eliminación de Toda Forma de Discriminación contra la Mujer.
La población femenina ha experimentado cambios importantes, sobre todo en la segunda mitad del pasado siglo, aunque eso también ha significado un aumento de diferencias entre las mujeres, en tanto sus avances han sido mucho más pronunciados en países más ricos y/o desarrollados que en los países más pobres, donde muchos de esos cambios son todavía imperceptibles. En América Latina, esos cambios se han producido con un carácter desigual (por ejemplo, más claros en la educación que en el empleo, más intensos en las zonas urbanas que en las rurales, etc.).
Hoy, a diez años de la aprobación de la Plataforma de Acción Mundial durante la IV Conferencia Mundial sobre la Mujer, en muchos países del globo los cambios de las relaciones de género ya han logrado afectar las estructuras de la sociedad, aunque todavía disten de haber logrado la igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres. En este marco se han comenzado a producir cambios en cuanto al pensamiento y la estrategia para avanzar en la equidad de género. El sentido general de ese cambio consiste en pasar de actuar sólo desde y para las mujeres hacia una visión donde la equidad de género es también una responsabilidad y un objetivo para el conjunto de la sociedad.
Esta orientación quedó consignada en la reunión Beijing + 5 de Naciones Unidas, cuya declaración insiste en que, para alcanzar más rápidamente las metas de la Plataforma, es necesario considerar que “la equidad de género implica que las necesidades, los intereses, las preocupaciones, experiencias y prioridades tanto de mujeres como de hombres sean una dimensión integral del diseño, implementación, monitoreo a nivel nacional e internacional, así como seguimiento y evaluación, de todas las acciones en todas las áreas” (prfo.44). Y desde esa perspectiva, considera necesario hacer un llamamiento a la acción conjunta de mujeres y hombres: “Los procesos de formulación de políticas (para la equidad de género) requieren de la cooperación de mujeres y hombres en todos los niveles. Hombres y niños deben ser involucrados activamente y alentados a participar en todos los esfuerzos para lograr las metas de la Plataforma de Acción y su implementación” (prfo.49).
Esta nueva óptica inclusiva nos parece fundamental para seguir avanzando en la equidad de género y no creemos que haya espacios donde esta visión no pueda aplicarse, incluyendo el problema de la violencia de género. Como sostuvo, hace un año, el Fondo de Naciones Unidas para el Desarrollo de la Mujer (UNIFEM): “Es importante ver al hombre no sólo como autor de los actos de violencia, sino también como parte de la solución al problema”.
A nuestro juicio, es desde este enfoque como hay que evaluar los avances y obstáculos que enfrenta la implementación de la Plataforma de Acción. Sin embargo, la reunión Beijing +10, que se celebra en estos días en la sede de la ONU, refleja un escenario poco constructivo. De una parte, fuerzas conservadoras que quieren hacer retroceder los contenidos valóricos y operativos establecidos en la Plataforma de Acción. A este respecto, queremos manifestar nuestro rechazo ante estos intentos y nuestra convicción de que el cumplimiento de la Plataforma debe ser integral y a cabalidad.
Pero también nos preocupa el mantenimiento de posiciones fundamentalistas en el feminismo, que buscan los temas más conflictivos para atrincherarse y que no contribuyen a sumar fuerzas en la sociedad, sino que cargan de razón a los sectores conservadores, alimentando una dialéctica confrontacional. Nos parece que este es un mal camino, tal como lo han subrayado Betty Friedan, Cathy Young, Elisabeth Badinter y otras feministas, que ya no quieren seguir por más tiempo ese camino. Creemos que ha llegado la hora de manifestar que ya no nos identificamos más con ese feminismo.
Apoyamos un feminismo humanista, que se preocupa especialmente de las mujeres, pero también de la suerte del conjunto de la humanidad. Un feminismo que consigna la especificidad de los derechos de las mujeres, pero no en colisión o al margen de los derechos humanos de toda la población. Un feminismo que está a favor de políticas inclusivas para mejorar las relaciones de género y no para producir una separación de mundos y una agudización de los conflictos. Estamos convencidas/os de que este feminismo y el desarrollo de políticas inclusivas para la equidad de género, facilitan la continuación del avance en el cumplimiento de la Plataforma de Acción y en la superación de los obstáculos que colocan las fuerzas conservadoras.
Nuestra decisión de desconocer el liderazgo del feminismo fundamentalista no implica asumir posiciones excluyentes. Más bien, las relaciones con ese feminismo se referirán a criterios y asuntos puntuales. Es en este contexto que hacemos nuestra la Declaración de las Mujeres en América Latina y el Caribe ante la 49 Reunión de la Comisión sobre el Estatus de la Mujer (CSW) de la ONU.
A su vez, estar dispuestas/os a la negociación y al diálogo no quiere decir que aceptemos por más tiempo ser cautivas/os del discurso del feminismo confrontacional. En ese sentido, hacemos un llamado a todas las feministas y demás sectores que trabajan por la equidad de género, a abandonar el silencio, el conformismo y la actitud timorata que nos lleva a convertirnos en cómplices de esas posiciones que no nos representan. Es urgente abrir el debate que han iniciado, con coraje, mujeres y hombres de diversas regiones del mundo.
La defensa del cumplimiento integral de la Plataforma de Acción es para eliminar la discriminación de las mujeres, especialmente en aquellas regiones más atrasadas al respecto, así como mejorar las relaciones de género en todo el mundo, no para empeorarlas. No creemos que insistir en el enfrentamiento y el desencuentro entre mujeres y hombres conduzca a esos objetivos.
Fundación Género y Sociedad (GESO) San José, 8 de marzo de 2005. |